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SONETO A UNA MUJER LEJANA Desde un mundo lejano del suelo que pisas— de la misma esencia del alma que suspira; de este corazón lejano que atesora prisas, desde aquí mis ojos saben que te miran
posada en tu silencio de auroras por llegar, talvez metida entre la noche que te abriga, la media luz que aprisiona tu lánguido mirar, el hondo penar que no quieres que desdiga.
Desde mi propia angustia desleida en llanto estoy vagando en letras que aprisionan ruegos al duende que te amarra; quiero ser el canto
que ronda tus balcones, la lira que estremece tus pasiones, el campo fresco, el suave riego de mi fuente a tu cereza que mi soñar remece.
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